sábado, 21 de abril de 2012

Aodhan - HDAN : Capítulo 1

 CAPÍTULO 1: El encuentro


Había bajado las escaleras sin coger nada acabando corriendo por las calles hasta que no pudo más. No sabía donde se encontraba. Solo sentía la fría lluvia pegándose a su ropa, pegándose a su pelo golpeando las mejillas. Sentía dolor, estaba frustrada, no entendía lo que había ocurrido.

Las lágrimas no dejaban de caer y con ellas la sangre de su corazón. Miraba el pecho pero no veía la herida, no veía el cuchillo clavado pero lo sentía con cada milímetro de su cuerpo.

Roma había amado con toda su alma. Conocía los riesgos de ese amor pero luchaba día tras día para ganarse un pequeño rinconcito en el corazón de su novio. Se habían prometido siete meses atrás. Creía que eso pondría fin a sus constantes dudas. Creía que él le había pedido la mano porque la quería. Pensaba que el fantasma de la ex-novia desaparecería de la vida de Matías. Pero no lo hizo. No desapareció. Se hizo carne y hueso recalcándose en la cama con su prometido en su propia cama. En la cama donde ella misma había hecho el amor con Mat, donde le miraba a los ojos cada noche y le decía que le quería.

 Unas semanas, sobraron unas semanas de su ausencia para que el cabronazo al que amaba con toda su alma metiese a la zorra de su ex para tirarsela en su casa. No era justo. No merecía aquel final.¿ Pero que podía hacer ahora? ¿Volver a su casa y arrastrarse como una imbécil y seguir comportando se como si no hubiera pasado nada? La imagen de volver con su amado pasó como un relámpago por su cabeza pero sabia que ya nada iba a ser igual.

¿Porque volver con una persona en la que había confiado su propia alma y su corazón que tiró por los suelos en unos momentos todas sus ilusiones? Todo su futuro...Su futuro...Mat era todo lo que ella tenia hasta ahora. Lo había abandonado todo por él: su casa, su familia, sus estudios, su trabajo incluso a su mejor amiga...Mat era su vida, era su futuro...

Lo habia sacrificado todo por él y lo habia perdido. Perdido... Dioses ¿que iba a hacer ahora? ¿A donde iria? No iba a volver con su madre. la atmosfera insoportable de aquella casa la acabaria matando. Amaba a su madre pero no podia vivir con ella bajo el mismo techo. Y ya no es volver a su antigua vida para seguir cumpliendo órdenes de su madre, ahora era el orgullo que le impedia mirar atrás.
Pero ¿que importaba su orgullo ahora?

Sabia que no era la mujer perfecta y en cierto sentido aún se sentia muy cría a pesar de tener ya 23 años. Habian veces que no cumplia sus obligaciones y tenia un caracter bastante fuerte. Pero fue sincera en cada momento con Mat y no creia que se merecia el trato que le habia proporcionado éste.

Estaba en la calle, con una camiseta, un pantalon y unas zapatillas a las que se le caian ya las suelas. Tenia que haber comprado unas zapatillas nuevas y no haber regalado el nuevo juego que salia este mes a Mat.Nisiquiera llevaba su tarjeta de crédito ni su DNI. Sólo llevaba un paquete de tabaco con un mechero que no funcionaba muy bien.Que estupida era, dios, que tonta ha sido. Y como dolia...

Palpó otra vez el pecho buscando el cuchillo pero tampoco lo encontró esta vez. Si pudiera arrancarse el corazón alli mismo para dejar de sentir el sufrimiento...

Se sentó en el bordillo de la acera, sacó el paquete de tabaco y encendió el último cigarrillo que le quedaba. El humo empezó a llenar sus pulmones y las lágrimas cesaron un poco. Habian tantas cosas en la cabeza de Roma cuantas gotas de lluvia cubrian las calles. Decidió cerrar la puerta a los pensamientos y sentir solo el dolor. Funcionó. No alivió su ánimo, siguió mirando con tristeza a la carretera pero por lo menos en aquel instante el dolor solo quedó en eso: dolor, sin explicaciones ni justificantes que le regalaba su caótica cabeza.

Tenía frío, la lluvia daba la bienvenida a otoño y calor precisamente no hacia. Mejor, si tenia  frío entonces estaba aún viva. Viva...

Entoncés pensó en dejar de serlo. Se levantó y empezó a andar hacia la carretera. Esperaba que cuando el coche la atropellara lo hiciera bien: que fuera rápido y mortal. Tenía miedo de morir pero no queria seguir vivendo. ¿Que era una vida sin la persona que más amaba en este mundo? Una persona que la habia traicionado, que la habia engañado, que le habia prometido esa vida que tanto deseaba tener: levantarse por las mañanas rodeada de luz de la mañana y sentir las cosquillas de la felicidad. Crear una familia, tener hijos, tener "sus hijos"...

Sigió cruzando la calle con los ojos cruzados. A lo lejos se oía un coche...Si, eso era lo que queria: quitarse la venda de los ojos. Mat tenia razón: la vida era una mierda. No era como creia ser, no era mágica, maravillosa y alegre. Era una gran mierda.

Alguien habia tocado el claxon. Siguió andando. Un coche se paró en seco y las ruedas resbalaron por el asfalto. El coche le tocó la mano izquierda y Roma abrió los ojos. Estaba asustada sin saber que es lo que habia inentado hacer. La adrenalina corrió por sus venas.

-Joder...-tenia los ojos muy abiertos y sintió como corria la sangre por sus venas.
-Niña!!! ¿Estas bien? Dios santo!!! ¿Que hacias alli parada?

El hombre que habia salido del coche llevaba una sotana negra. Era un sacerdote, eso o se dirigia a una fiesta de disfraces y Roma le habia quitado toda la diversión.Pero debido a la edad que aparentaba, unos cincuenta y pico años, la segunda opcíon se descartaba inmediatamente. Iba a suicidarse y el coche que se supone que le ayudaria a llevar a cabo esa tarea era de propiedad de un puto sacerdote. Que irónica es la vida. Como le gusta reirse en las caras de los demás. Maldita sea!

-¡Niña! ¿Estas bien? Dime algo. Contestame por dios.
-Creo que si...-la respuesta era un susurro, era una afirmación interesante y bastante sorprendente. Pero no era una respuesta dirigida al Padre sino a ella misma.
- Menos mal. Casi me da un infarto. Me intento adoptar a la moderna vida que se lleva ahora y el Señor me da una patada en el culo. Hace un mes que habia sacado el carnet de conducir y casi te atropello. - el hombre se habia relajado y parecia más calmado. La preocupación se le borró de la cara y en vez de ella se dibujó una agradable sonrisa. Tranquilizadora, comprensiva , acogedora...

Parecia un hombre sabio, una persona que en su espalda llevaba una mochila cargada de experiencias. En su rostro se entrelazaban pequeñas arrugas. Su pelo canoso le llegaba hasta los hombros y sus labios estaban resecos. Sin embargo la mirada era muy jovial y de un azul claro. Concentraba todo el encanto de aquella persona. Asi que era verdad: los ojos eran el espejo del alma...

- Bien. ¿ibas a algún sitio en concreto campanilla?
¿Campanilla? ¿Eing?

- No lo sé...
-Estabas andando. Te dirigias a algún sitio.
-Si, supongo.
- Bien. Ja ja ja- tenia una risa muy agradable- ¿ Y bien? ¿ A donde ibas?
-Creo que ya no voy a ir alli...-desde luego que no. Le dolia haber sido engañada pero perder la vida por un motivo tan estúpido era exagerado. ¿A quien no le pasa? Millones de personas pierden a su pareja y no mueren por ella. La vida era una mierda pero mierda o no, no la iba a perder por un capullo como Mat. Aún, a lo mejor dentro de cinco minutos le volverian a cruzarse los cables y la sobrecarga de su sistema operativo le animaria a tumbarse bajo algún otro coche.

-¡Exelenteeee! Entonces yo te llevaré a otro lugar. ¿Que te parece?

Aquel hombre ya no le parecia tan agradable. Estaba como una cabra. ¿Que la iba a llevar a otro lugar? ¿A santo de que?¿ Es que la vida no le daba ni un segundo para pensar y respirar un poco? Al final iba a esperar a otro coche. Lo veía. Queria dejar este cruel y loco mundo.

-Hoy seré tu chofer personal. Así no te mojaras bajo la lluvia y no podrás coger una pulmonia.-La cogió del brazo y se la llevo a rastras al coche.

Roma ni pudo reaccionar y cuando lo hizo el viejo ya arrancaba el motor.

-Ponte el cinturón de seguridad, nos ponemos en marcha. Por cierto, no me he presentado. Soy el Padre Rafael. Estoy aqui de paso. He vuelto de África para resolver algunos asuntillos. Necesito pasar por un sitio. ¿ Que tal si me acompañas y luego nos vamos a tomar una taza de té caliente?

- No sé, no quisiera molestarle. Seguro que tendrá cosas mejor que hacer que cuidar de una pobre mujer cristiana que no sabe que hacer con su vida. - Roma suspiró sin saber que hacer. Supongo que iría con aquel hombre, necesitaba despejarse un poco. No tenia a donde ir y además un poco de amabilidad y calor humano no le perjudicaria ni más mínimo en aquellos instantes.

-O no, no te preocupes. Dedico las 24 horas del día cuidando de pobres cristianos que no saben que hacer con su vida. Ja ja ja ja .

- Y ¿ a donde nos dirijimos?

- Bueno, necesito que me heche un cable un viejo amigo. No tomará mucho tiempo.

-Vaya, tiene suerte. Hoy en día no se encuentra amigos que te puedan tender la mano cuando estás en apuros.

-Ja ja ja. Estan allí, solo hay que saber buscar. ¿No te parece? Por cierto,¿ a que te dedicas Campanilla?

-No me llamo Campanilla. Mi nombre es Roma. Y la verdad es que ahora no me dedico a nada. Antes estudiaba pero dejé la carrera a mitad. Quería ser traductora.

-Vaya, es una buena profesión y muy interesante. Lástima que no la acabarás Campanilla.

-Roma...

- Si, ya hemos llegado. Vamos, dentro hará más calor que aquí y no quiero que cojas un costipado.

Salieron del coche con dos sordos portazos. La lluvia habia dejado de empapar las calles dejando un fresco aroma a limpio. A Roma le encantaba la lluvia, era sinónimo de que todo iria bien. Las calles se limpiaban de la suciedad y de los constantes pensamientos negativos con los que la gente cargaba la ciudad. Era el presagio de un nuevo comienzo, un comienzo desde cero. Pero nunca era así. La vida seguia alli, los problemas, las alegrías...estaban alli. La lluvia no limpiaba nada, no borraba el pasado. Simplemente era lluvia. De todos modos era agradable el olor que quedaba.

-¡Campanilla, vamos!

El viejo era bastante pesado con el nombrecillo. Pero que se le iba a hacer. Supongo que la gente mayor tiene sus manías y no hay Dios que se las quite. Además a Ro le gustaba el mote. Era alegre y dulce. Antes pensaba que era como Camanilla: siempre alegre, siempre optimista, siempre tan fuerte y luchadora, siempre tan soñadora... Era agradable vivir en el mundo de cristal que se habia costruido desde pequeña. Era fragíl y hermoso. Pero sobre todo era una manera para sobrellevar todas las cosas dolorosas que le ocurrían y le permitia seguir adelante. Siempre adelante, siempre con una solución a cualquier problema que se le pusiera por delante. ¿Donde estan esas facetas que tanto la caracterizaban? ¿Donde esta aquella niña que sonreía a la vida y daba gracias por todas las cosas que le ocurrian?

La sentía dentro, asustada, dolorida, herida,...Cada vez que pensaba en esa parte de ella misma maldecía a Mat por lo que le habia hecho. Pero lo más triste es que aquella niña no estaba enfadada con Mat, sino consigo misma. Ro no podia culpar a Mat por el dolor que sentía. Ella sabia que tarde o temprano ocuerreria. Ella misma habia hecho una elección y se habia herido con ella.

Los recuerdos vuelven a su cabeza y rápidamente cierra la puerta a ellos. Ahora no era el momento de lamentarse. Queria alejarse de los hechos de hace unas dos horas y lo haria.

Ro se despertó de sus pensamientos y se dió cuenta de que estaba frente a un enorme rascacielos.En cierto modo se parecia a su castillo de cristal: era brillante, de un color gris precioso y sobre todo lleno de enormes cristales donde el sol hacia brillar cada una de las gotitas recien caídas del cielo. Había visto este edificio un montón de veces cuando se iba a pasear por la Ciudad de las Ciencias pero nunca se fijó en él detenidamente. Quizás porque nunca se imaginó de que entraria en el.

 De las enormes puertas  entraba y salía gente constantemente. Iban bien vestidos. Las mujeres estaban perfectamente maquilladas luciendo ajustadas faldas picoteando con las agujas de sus zapatos dando pasitos cortos y rápidos. Los hombres reflejaban una estricta seriedad tanto en las caras como en sus trajes negros de marca.

A Ro no le gusta mucho el ambiente. Siempre evitaba los sitios donde la gente se comportaba como clones reflejando las vidas de una colonia de hormigas. Todos eran iguales. No habia diferencia alguna. Todos con la misma expresión preocupada y seria. No habia ni rastro de esa lucecita que deberia caracterizar a cada inividuo de este planeta. Pero era una manera ya un poco estúpida de pensar supongo. Aunque una vez viendo una pelicula Ro se guardó una frase en su mente: "Nunca pierdas tu inocencia." Y eso aún la hacia ir contracorriente del modo de vivir de la gente que la rodeaba.

-Voooy!!! - se puso al lado del padre haciendo un desagradable ruido con las zapatillas mojadas al correr.

Entrarón en el edificio y le dieron la bienvenida a una majestuosa estructura moderna. Si, definitivamente era un hormiguero. Delante de los ojos de Roma se entrelazaban cuidadosamente las incalculables plantas  del enorme edifico de cristal. La entrada ocupaba toda la planta baja donde en cada costado del perfecto cuadrado se dibujaba una fila de personas esperando la llegada del ascensor. Se abrian las puertas y aparecian personas que se deslizaban entre la multitud como robots sin percatarse de la presencia de los demás. Se cerraban las puertas de los ascensores y las colas desaparecían hasta que en  un segundo se alineaba otra fila de clones. La gente miraba sus agendas electrónicas o contestaba las llamadas de sus telefonos de alta tecnologia. Pese a su total concentración en sus tareas nadie llegaba a tropezarse  o chocar contra otras personas. Era como si tenian incorporado un sensor de movimiento en sus cuerpos. Realmente el ambiente era agobiante.

-Vamos. Tenemos que coger el ascensor.

-¿El ascensor?-  la voz de Roma olía a miedo y preocupación. Aceptaria cualquier otra cosa menos coger el ascensor. Solo con pensar que tenia que compartir un estrecho espacio unos instantes con todos aquellos zombis se le erizó el vello de todo el cuerpo.

-Vamos a la última planta. ¿No querrás subir por las escaleras los 40 pisos de altura?. Porque por mi cabeza desde luego no se ha pasado esa brillante idea, créeme.

-¿40 Pisos? Si, creo que le hare compañía durante este largo trayecto. - en un instante se le desvanecieron todas las dudads , incluso empezaron a caerle bien aquellas extrañas y desconocidas personas que miraban torpemente las puertas del ascensor como si aquello fuese el nuevo Mesías.

-Ja ja ja ja. No me preguntes el por que pero ya sabia que me dirias eso.- Rafael empezó a tararear una alegre cancioncilla y saludar a todo ser viviente que pasara por su lado.. ¿De donde sacaba toda esa alegria? Si Roma tuviera más confianza con él le pediria que le pasara el nombre de su camello porque desde luego aquello era fruto de drogas.

-¿Seguro que no le molestaré alli arriba? Supongo que querra hablar y yo solo estorbaré. Puedo esperar abajo.

-O noooo, no te preocupes. No tardaré nada. Y no creas que me dejarán hablar mucho, ja ja ja ja.

Era extraño. Todo aquello era muy extraño. ¿La vida le daba otra oportunidad o le hundia más en la tierra? ¿Acabaria esta aventura con un final feliz o una vez más le demostraria que es inutil luchar por algo bonito en esta vida?

-¡Padre Rafael, que sorpresa verle por aqui!- un "bastante" apuesto hombre habia entrado en el estrecho compartimiento del ascensor a la altura de la vigésima planta.

No llevaba el típico traje negro como los demás. Vestía un pantalón vaquero azul celeste medio roto por las piernas y una camiseta de tirantes blanca que resaltaba su pecaminoso cuerpo. Medía unos dos metros de altura. Un tatuaje cubria su brazo derecho y junto al pelo castaño y enmarañado que le llegaba hasta los hombros le daba el aire de "un chico rebelde". Era grande, musculoso y muy muy guapo. Aquel hombre irradiaba una tranquilidad absoluta con su ancha sonrisa que daba a relucir todos sus dientes blancos perfectamente alineados y con sus ojos color miel transmitia una paz arrolladora . Se le veia una persona muy agradable y amable.

Por fin Ro encontraba un rayo de luz en aquella enorme lata de hojalata que le hizo sonreir como a una tonta y perderse entre la piel tostada de aquel ser humano. Si, un ser humano, no un zombi a los que habia visto hasta ahora. Pero su felicidad no duraria mucho. Dios era un niño grande que se lo pasaba bomba puteandola cada tres por tres y desde luego esta vez tampoco se perderia la oportunidad de chincharla.

-¡Hola Oso! Cuanto tiempo sin verte. Has crecido. Cada vez que te veo estas más grande.

-Siempre me dice lo mismo y que yo sepa desde que tengo 20 años no he crecido ni un milimetro. ¡Ja ja ja ja!
-¿Que tal van las cosas por aqui? He oido que te habias casado hace poco. Me alegro mucho por ti. Tengo que conocer a tu esposa. Tiene que ser una mujer excepcional.

-Lo es. De hecho ha venido conmigo. Me esta esperando para irnos. Si me acompaña se la presentaré.

-¿De veras? Entonces no voy a perder esta oportunidad. ¡Ah! Es verdad. Oso, te presento a una amiga: Campanilla.


Roma se sobresalta e intenta rapidamente borrar su expresión de boba y de desepción. De boba por lo bueno que estaba aquel tio y de desepción porque estaba casado. De todas maneras si estuviera soltero tampoco se fijaria mucho en ella. En chica con ojos hinchados de llorar y aún totalmente empapada de lluvia.

-Hola...-sonríe timidamente sin saber como comportarse.Se encoge de hombros entrelazando sus manos y  empieza pisarse los pies. Siempre lo hace cuando esta nerviosa. Menos mal que no le ha dado por morderse las uñas. No sería una visión demasiado agradable.- En realidad me llamo Roma.

-Encantado. Y yo en realidad me llamo Raygan. Pero desde que el padre me puso el mote de Oso creo que la gente desconoce por completo mi verdadero nombre. Ja ja ja. Por cierto padre. Maya esta en el piso 38 si quiere verla antes de que se le estropee el buen humor... Porque le ha venido a ver a Él ¿verdad?

-Oh, si. Queria saber como estaba y de paso pedirle un favor.- Rafael se queda pensativo perdiendo su mirada en una pared del ascensor cogiendose con la mano la barbilla.-Si, creo que tienes razón. Iré a ver a la bella dama antes de verle. Seria lo mejor. ¿Campanilla?- se gira y mira con una sonrisa a Roma- ¿Porque no subes al último piso y no me esperas allí? Yo volveré enseguida.

-Pe... pero... yo...

-No te preocupes, tu tranquila. En un segundo estoy contigo. ¡Ah! La contraseña es 95489.

-Hasta luego. Espero volvernos a ver pronto.- Oso se despidió con la mano y con aquella encantadora sonrisa en los labios.

Y sin más desaparecieron detrás de las puertas metálicas. En el ascensor se produjo un silencio sepulcral. Quedaban dos personas dentro que se esfumaron sin decir ni pio en el siguiente piso. Ro se quedó sola. Con un suspiró se apoyó en la pared y esperó llegar hasta el final.

-Pues nada...95489...contraseña...¿Para que necesito la contraseña?

-"Ha llegado a su destino. Teclee la contraseña por favor." - una voz femenina y neutra le contestó a la pregunta que hace unos segundos Roma se habia formulado en voz alta. Tecleó la numeración después de un largo rato trás descubrir que debia utilizar las teclas que indicaban la cifra de las plantas del edificio y se despidió del ascensor al cerrar éste sus puertas.

No eran oficinas lo que vió, ni tampoco tenia pinta de un despacho que era lo más lógico en aquel edificio. Parecía un apartamento en toda regla pero mucho más sencillo y más grande. Era solo una habitación. Con sofas grandes de color blanco con una mesa de cristal en medio. El suelo estaba cubierto con una alfombra gorda y mullida. Las cortinas de los grandes y altos ventanales se balanceaba suavemente con cada roce del viento. En  un rincón descansaba una mesa con un montón de papeles por encima. La papelera estaba llena de bocetos arrugados y hojas rotas. Se respiraba paz en aquel sitio y sobre todo libertad. El aire fresco se adentraba por las ventanas e invitaba a acercarse a Roma hasta las puertas del balcón. Ro se aventuró a  cruzar la habitación. Quería disfrutar de las vistas. ¿Como se veria la ciudad desde una altura tan vertiginosa? Era como vivir en el cielo. Estar por encima de un puñado de mortales. Estar totalmente desconectado del mundo de allí abajo donde solo hay tristeza, problemas, lágrimas...Este lugar no pertenecía a la tierra, no descendía sino subia arriba. Conectaba con las nubes, con la esperanza, con los milagros... Como deseó Ro en aquellos momentos que sus alas tatuadas en la espalda fueran de verdad. Sentir como se despliegan de su cuerpo pluma a pluma. Pero no tenia alas. No podia volar...Y eso la entristecia mucho. Quizás algun día cuando los humanos evolucionen la gente pueda tener alas y surcar el cielo. Sentir la libertad sin ataduras, sin cadenas... Quizás algún día...

-¿Se puede saber que haces aqui?

Los sueños se rompieron en pedazos con una voz masculina como una alarma de una inminente catástrofe.
El corazón de la chica empezó a bombardear cada milimetro de su cuerpo girando los pies en busca del peligro.
 El intercambio de miradas dejó a Ro sin habla. Unos ojos plateados que prometían una muerte lenta y dolorosa escudriñaban su maltrecha apariencia esperando una rápida contestación. Pero no la pudo encontrar. La habitación no estaba vacía y claramente eran los aposentos de un ángel que en estos momentos estaba sentado en uno de los sofas colocado de espaldas a la única salida por la que podía huir en estos instantes.

Continuará...